COVID-19: Sobre la determinación de responsabilidades y el camino hacia una nueva construcción de poder

-Por la Dra. Ada Luz Centurión-

Son muchas las reflexiones que leemos y escuchamos a diario en cuanto a la responsabilidad de los Estados y de los organismos internacionales en relación a la pandemia por el Covid-19.  En líneas generales todas coinciden en la enorme decepción de los individuos del Siglo XXI, en cuanto a lo que debería ser la contingencia de la emergencia sanitaria internacional que según algunos expertos nos encontraba “más preparados que nunca”.

Los resultados están a la vista: miles de muertos, empresas cerradas, las bolsas del mundo se desploman… Una vez más, nos equivocamos… no estábamos preparados o al menos no estábamos tan preparados como pensábamos.  Y como fallamos… empezamos a buscar culpables, tiene que haber un responsable y pagar por ello! Y nos seguimos equivocando, porque si las construcciones son colectivas los errores también.

En Diciembre de 2014 Obama advertía a sus compatriotas acerca de la necesidad de invertir en ciencia y en salud y, recientemente hemos podido escuchar que  Estados Unidos está más preparado para un enfrentamiento militar con cualquier potencia extranjera, por la fuerte inversión en armas que para enfrentar el Covid-19. La pandemia, en todo caso, lo que hace es poner al descubierto las deficiencias sobre las que se viene alertando hace varios años.

Es estéril tratar de responsabilizar a la Organización Mundial de la Salud por la propagación del virus perdiendo de vista la desinversión en materia de salud pública de los países más afectados.  Es patético observar la poca disponibilidad tanto de camas como de respiradores en los llamados países del primer mundo.

Afortunadamente, en Argentina, la salud se encuentra entre las funciones indelegables del Estado.  A pesar del desmantelamiento y la desinversión padecido en el área sanitaria, los profesionales médicos argentinos son formados en excelencia y su amor por la vida de sus pacientes ha resistido más de un recorte presupuestario.

La Organización Mundial de la Salud es uno de los tantos organismos que depende de Naciones Unidas, creada en 1946 en el marco de una Conferencia Sanitaria Internacional, siendo en esencia un organismo de cooperación y asistencia técnica sanitaria a los Estados.  Según la Declaración sobre las pandemias y epidemias de la Asociación Médica Internacional de Octubre de 2017, la  recomendación para la OMS,  es entre otras la de recopilar la información acerca de la propagación de enfermedades infecciosas y así como la  de coordinar la respuesta internacional a la pandemia.

Ahora bien, mi pregunta es: ¿se puede coordinar una política sanitaria internacional en países donde la atención de la salud no es una prioridad para los gobiernos locales?

Está a las claras que no. 

Algunos de los Estados afectados ni si quiera habrían sido previsores para atender  los casos de neumonía que enferman anualmente a su población, ese habría sido uno de los motivos por los cuales no han tenido una respuesta adecuada ante la pandemia y que hayan colapsado sus sistemas de salud.   

Hay quienes  pretenden responsabilizar a la OMS por una supuesta declaración tardía de la pandemia.  Recordemos que para entender que una epidemia se transforma en una pandemia es necesario tener determinada cantidad de países infectados por lo que si el problema inicialmente sólo lo tenía China, no podía emitirse tal declaración. Tengamos presente también, el discurso de varios mandatarios subestimando la alerta de la OMS.

En Derecho Penal hay un principio de propia responsabilidad o quizá más conocido como la autopuesta en peligro de la víctima.  Recordemos que ese criterio sirve para desplazar la responsabilidad de quien creó el peligro hacia la responsabilidad de la víctima, quien decide voluntariamente hacer frente a ese peligro y asumir las consecuencias.  Evidentemente, trasladar la conducta de los mandatarios que desdeñaron las advertencias de la OMS a las consecuencias sufridas en la salud por sus conciudadanos podría ser técnicamente inviable; pero lo menciono porque hay quienes buscan responsabilidades civiles y penales en esta situación.  A estas personas le digo: “cuidado, no busquemos responsables sino co-responsables”.

En realidad, mi planteo va más allá.

La OMS es  un organismo de cooperación y asistencia técnica internacional a los países  pero los Estados cuentan a su vez, con otras herramientas para llevar adelante sus políticas. Los bloques regionales tienen entre sus objetivos fines de cooperación y asistencia para el desarrollo para lo cual deben diseñar políticas públicas conjuntas que suponen que también (y sobre todo) deben atender a un principio de solidaridad internacional que cubra este  tipo de contingencias.

La  inacción de los bloques regionales en la búsqueda de soluciones conjuntas es una de  las mayores desilusiones sufridas durante esta pandemia.  Escuchamos la decepción  del Presidente de Ucrania ante la falta de solidaridad de sus pares,  escuchamos a representantes de países que se niegan a colaborar económicamente con la desgracia de otros porque juzgan su imprevisión.  Etc. Somos espectadores del desmoronamiento de la  gran imagen modelo que representó durante décadas la Unión Europea.

A modo de ejemplo, recordemos que el Tratado de la Comunidad Europea firmado en Roma en 1957 no hacía mención alguna a la salud pública. Recién en 1992 el Tratado de Maastricht incorporó  un artículo específico sobre salud pública que luego  fue modificado por el Tratado de Ámsterdamen 1997.  Calvete Oliva (2008) detalla claramente en su artículo titulado: “Estrategia de salud de la Unión Europea”[i],  la  cronología en esta área temática indicando que se firmaron  documentos que implican el compromiso de los Estados miembro en la búsqueda de estrategias que permitan hacer frente a amenazas a la  salud de los ciudadanos de la Unión Europea.

El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) creado por el Tratado de Asunción en 1994, del que Argentina forma parte – aun cuando ayer se anunció la suspensión de la participación en las negociaciones, lo que implicaría una salida parcial – carece entre sus objetivos fundacionales de temas relativos a la salud pública. Ello no obsta que posea  una agenda de salud que aprobó un Fondo de Emergencia regional para el combate del COVID 19.  

La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) – creada en 2008 –  de la que Argentina se retiró en Abril de 2019 , tiene entre sus objetivos el acceso universal a la salud.  Y se podría seguir enumerando ejemplos pero la idea es simplemente ilustrar que en los últimos años se hizo ( y se deshizo ) un recorrido en materia de integración regional, que no tomó en serio el potencial que hubiera tenido para socorrer rápidamente a sus miembros en esta pandemia de haberse trabajado en pos de los objetivos que enunciaba en su constitución.

Hay quienes se preguntan si este fracaso institucional a la hora de brindar una solución conjunta a una amenaza a la seguridad internacional como esta  pandemia por parte de los Estados es el preludio a la vuelta a los nacionalismos.  Su fundamento radica en que  son los gobiernos nacionales  quienes están decidiendo y soportando individualmente los costos de lo que podrían haber sido decisiones al menos de bloques regionales.   Ni hablar que algunos buscan endilgar responsabilidades en lo que entienden una respuesta tardía de Naciones Unidas.

La preeminencia del crecimiento en el proceso de acumulación económica por encima del proceso de desarrollo integral de los individuos propuestos en el Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales vigente desde 1976, así como la desatención del concepto de Seguridad Humana reconocido por N.U. en 1994 nos han anclado en este hoyo de inseguridad, desolación  y subdesarrollo.  Inseguridad porque en la búsqueda de la seguridad económica no se tuvo en cuenta el factor fundamental, promotor y destinatario del desarrollo que es la persona humana.  Desolación porque esta imprevisión se tradujo en muchas muertes, borrando  familias de la faz de la tierra… Subdesarrollo porque si no se cuida el capital humano no hay desarrollo posible.  El cuidado de la salud es fundamental en el crecimiento y en el desarrollo aunque hay quienes todavía no lo vean así.  Evidencia de ello es la falta de reasignación de partidas presupuestarias para fortalecer los sistemas de salud.

Pero para los que piensan en la vuelta a los nacionalismos, les recuerdo que la postal mundial  si bien es parecida, no es la igual a la postguerra, donde el plan Marshall , el “social case” y la austeridad de los gobiernos levantaron nuevamente Europa.   La interdependencia de las economías de los países en este mundo  globalizado hace muy difícil pensar en salir adelante rompiendo los compromisos y la historia, pretendiendo volver el reloj atrás.  La visión individualista de los Estados es una receta que fracasó por eso hace varias décadas que se trabaja en la integración.

El gran obstáculo para una mayor integración mundial es la resistencia a la cesión de soberanía de los Estados miembro en pos de una nueva construcción de poder.  Naciones Unidas tiene una carta de creación suscripta por 51 Estados miembros fundadores a los que año a año se han ido sumando otros Estados. En su artículo 1 , ap.1 y 3 alude a su compromiso por la paz y la seguridad internacional.  Ese compromiso es una mera expresión de deseo si no va acompañado de acciones que representen un despliegue de poder para combatir las amenazas a la paz y a la seguridad internacional. 

Las consecuencias sobre la responsabilidad internacional de los Estados parte por violar cualquier Pacto o Tratado internacional suscripto hasta ahora se remite a sanciones económicas o meras recomendaciones, por lo que la fuerza sancionatoria por su violación termina siendo etérea.

Con todo esto estoy queriendo decir, que si los Estados miembro de Naciones Unidas no se han propuesto como objetivo común la securitización sanitaria y  si no hay una delegación de soberanía de los Estados que la componen a través de la reforma a sus constituciones nacionales su acción va a seguir limitada, ya que evidentemente hasta ahora no se ha discutido, o si se hizo se le ha restado importancia, cuál debe ser el accionar de Naciones Unidas ante cualquier nueva amenaza que atente contra la paz y la seguridad mundial.

Para cerrar, les propongo que pensemos no en responsabilidades individuales, porque si indagamos bien, todos los actores tienen sus responsabilidades en la falta de respuesta ante la pandemia.  No veo a simple vista elementos que permitan imputar responsabilidad directa a China porque jurídicamente habría que explicar el nexo de causalidad.  Tampoco veo la posibilidad de llevar a las autoridades de la Organización Mundial de la Salud a la Corte Penal Internacional, cuya competencia se encuentra limitada a determinados casos relacionados con los delitos de genocidio o lesa humanidad, por lo que si los que están detrás de eso lo consiguen, sólo sería con bastante lobby y forzando la interpretación del Estatuto de Roma.

Como dije más arriba, sólo pensar en responsabilidades individuales es una búsqueda estéril.  Habrá que pensar en una nueva construcción de poder que tenga en cuenta a las personas humanas y a la seguridad humana en el conjunto de sus políticas, pero para ello, es necesario un mayor despliegue de un constitucionalismo internacional que sirva para reconocer y consolidar esta seguridad humana como un derecho.


Notas

[i] CALVETE OLIVA, A. Disponible en : http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272008000300004 visualizado por última vez el 25/04/2020.


Referencias de la autora:

Ada Luz Centurión. Abogada con Orientación en Derecho Penal (UBA).  Magister en Relaciones Internacionales (FLACSO). Ex integrante del PROPAQUE (Programa de patrocinio de Querellas).  Especializada en Género, niñez y familia (UBA) Integra Registro de Abogados del Niño (San Isidro)

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